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¿Vocación política, tarea pendiente en Venezuela?

Por José Gregorio Contreras

“La política significa horadar lenta y profundamente unas tablas duras con pasión y distanciamiento al mismo tiempo. Es completamente cierto, y toda la experiencia histórica lo confirma, que no se conseguirá lo posible si en el mundo no se hubiera recurrido a lo imposible una y otra vez. Pero para poder hacer esto, uno tendrá que ser un líder, y no sólo esto sino también un héroe, en un sentido muy sobrio de la palabra. Y aquellos que no sean ambas cosas deberán también armarse con esa firmeza de corazón que permita hacer frente al fracaso de todas las esperanzas, y deben hacerlo ya, pues si no, no estarán en situación de realizar siquiera lo que es posible hoy. Solo quien esté seguro de no derrumbarse si el mundo es demasiado estúpido o bruto, visto desde su punto de vista, para lo que él quisiera ofrecerle; solo quien esté seguro de poder decir ante todo esto dennosh (no obstante, a pesar de todo), sólo ese tiene “vocación” para la política”.

He querido iniciar mi artículo con esta larga cita, de Max Weber, plasmada en su libro: “La ciencia como profesión. La política como profesión”, porque la considero de fundamental importancia, y muy pertinente, para explicar el momento político que vive Venezuela.

Con ella no pretendo adoctrinar ni dar recetas, sino ofrecer materiales para el compromiso y accionar político. Entiendo el desespero de muchos venezolanos, no es para menos, después de más de veinte años de la desgracia que ha traído la revolución del siglo XXI, pero esto no puede llevarnos a perder el norte ni caer en el juego de la cohabitación, sería pretender cambiar para no cambiar nada, o lo que es lo mismo, poner en práctica el mito de Sisífo, es decir, creer que podemos llegar a la cima, sin darse cuenta que la roca a la que se atan no se lo permitirá.

Es el momento, como lo dice la cita, del político con vocación, de aquel que está claro que el régimen no está dispuesto a dejar el poder por la vía electoral per se, y aún cuando lo quisiera no puede hacerlo, porque tal como lo han señalado, respectivamente, los expertos  Gerorg Eickhoff y Joseph Humire: “El país está inmerso en una guerra híbrida; el régimen venezolano recurre a alianzas con el crimen organizado internacional y el terrorismo que le resultan estratégicas”.

Se requiere de un líder que, además de entender el estado de ánimo que viven los venezolanos, tenga claro la naturaleza del régimen al que se enfrenta, que le haga entender a la gente que la desesperación no nos puede llevar a doblegar, ni a negociaciones que solo permitan ampliar la jaula, que produzca una euforia de fe en la victoria final. Es la hora de los POLÍTICOS, entendiendo por estos los que anteponen el optimismo de la voluntad ante el pesimismo de la inteligencia.

Antes que algún pesimista venga a decirme que deseos no empreñan, le recomiendo leerse la biografía de Churchill de Roy Jenkins, quien se enfrentó a la política contemporizadora de Chamberlain; en el caso venezolano, se pudiera llamar la política negociadora de un sector de la oposición reconocida por el régimen, al costo de ser considerado loco por políticos, intelectuales y muchos otros que consideraron que la salida era negociar con Hitler.

Gracias a esa firme y decidida posición política de Churchill, el mundo fue salvado de Hitler. Su ascenso a primer ministro de Inglaterra, lo logró yendo en contra de la corriente, pero hablándole claro al país. Su política fue hacerle la guerra a un tirano monstruoso, su objetivo: lograr la victoria a pesar de todo el terror, victoria, a pesar de lo largo y duro que fue el camino, pues estuvo claro que sin victoria no había supervivencia.

La hora que vive Venezuela exige hacer la política en términos weberiano, quien ve a la política como una lucha, con sus implicaciones de valores e intereses plurales y en conflictos entre si y que se niega a la legitimación de un solo grupo social a fijar y realizar lo correcto políticamente.

A nosotros nos toca ir más allá, enfrentar a un régimen que quiere dominar a los venezolanos y por otro lado, a un sector que se abroga la representación exclusiva de la oposición y que los resultados muestran que han transitado por el camino equivocado, realizando “diálogos” que tan solo han dado lugar a la permanencia y avance del régimen.

Ha llegado el momento de que las fuerzas de la sabiduría convencional pro Chamberlain o en el caso venezolano pro “diálogo y negociaciones” y anti Churchill, en el caso venezolano “anti-radicales”, se unan.

Pues, el político se evalúa por el resultado de sus acciones, deben admitir que han fracasado, hacer como Halifax, que sintió vergüenza al ser apólogo de la política contemporizadora, en el caso venezolano, cohabitadora. Desde hace rato hay una clase política diciendo que el camino es la fuerza interna y externa, y esta fuerza no significa violencia, sino organización para crear la amenaza creíble, y entonces lograr la verdadera negociación, las elecciones verdaderamente libres.

La buena noticia es que esos políticos ya existen y siguen firme en su propósito: liberar a Venezuela. Por eso como dice nuestro Himno Nacional, y no debemos olvidarlo, “la fuerza es la unión”.

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